Ídolo

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Morrissey

miércoles, noviembre 14, 2007

Onomatopeyas

No tuvo más remedio que remediarlo. Mirar desde la ventana el barullo, como un avión aproximándose a la ventana. Reventándose los tímpanos y viendo que la pesadilla es completamente posible. Lo factible de lo ridículo. Lo poderoso de la resonancia. Una reverberación que se escucha en el pasillo. Probablemente proviene de la cocina. El silbido del agua hirviendo en una tetera.
Hay como un temblor previo y la necesidad de resquebrajar los cimientos. Y nuevamente lo factible y verosímil de la pesadilla acercándose a la ventana. Rompiendo los cristales. Errando en las intenciones. Culpando a la motricidad adelantada. Porque no quería hacerlo. Pero pasó.
Y luego queda simplemente alivianar el peso, la gravedad. La voz grave y el estado grave de un enfermo terminal. Dentro de un edificio que siempre estuvo al borde de derrumbarse, sostenido a penas por palos. Sin techo, mojándose su interior con la lluvia redundante de los últimos meses. Humedad aprendida de memoria. Inútil. Esférica.
Injusta apreciación. Vista engañosa de la ciudad. El ángulo producto de la concavidad en la que se asientan las baratijas. La cuna-cuneta que te expulsa al borde de la carretera. Un salgamos corriendo cabe incluso en un ascensor. Un portazo en la cara. Rostro de madera. Duro y sin comisuras. No se puede sonreír por lo tanto no se puede comer. La rigidez que no permite siquiera arrugar la frente. Ni sollozar.
Y el remedio sin más remedio que prescindir del gotero. De la inyección y del suero. Sentarse a esperar en la sala de espera y omitir las esquinas, los ángulos. Olvidar para qué se está ahí y salir como si nada a buscar algo más. Quizás comida. Quizás mañana.

2 comentarios:

Mr. H3rv45 dijo...

A veces somos presa de nuestros propios sueños, por eso uno debería soñar lo que debería, pero los sueños así como la vida, están hechos para hacer lo que no se debe. Y aquí estamos: cocinando para nuestros sueños, pagando el alquiler de nuestros sueños, dejando nuestros sueños en el autobus de la escuela, o mirando a la mujer soñada convirtiéndose en nuestra peor pesadilla. ¿La culpa es de uno por soñador? si, la culpa es de uno.
Así que páseme ese gotero, esa inyección o ese suero porque no quiero dormir, si no sueño, no me vuelvo a equivocar.

Lord Croxus dijo...

Los sueños son sencillos o complicados como el soñador.
El ruido de la ciudad tiende a ensordecer nuestros cuerpos.